El manifiesto de la ofensa de Pablo López Pellicer (23/09/2026)
Pablo López Pellicer es un dramaturgo murciano nacido en 1995 que llega al teatro desde la literatura. Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Murcia y posteriormente cursó en la Universidad de Granada el Máster en Formación del Profesorado y el de Estudios Latinoamericanos. Durante su estancia en Granada comenzó a profundizar en la creación teatral mediante talleres de dirección, interpretación, creación escénica y escritura dramática.
Posteriormente decidió profesionalizar su formación teatral y estudió Dirección Escénica y Dramaturgia en la Escuela Superior de Arte Dramático de Murcia (ESAD). En este recorrido ha trabajado con algunos nombres importantes de la dramaturgia y la creación escénica contemporánea, entre ellos Gracia Morales, José Sanchis Sinisterra, María Velasco, Sergio Martínez Vila, Denise Despeyroux, Andrés Lima y Marcelo Díaz.
Su procedencia literaria resulta especialmente significativa para entender su escritura. El autor combina en su obra una preocupación muy marcada por el lenguaje con una mirada crítica hacia los conflictos sociales y políticos contemporáneos.
Su concepción del teatro se aleja del planteamiento moralizante. Para López Pellicer, la creación artística debe explorar aquello que resulta difícil explicar, penetrar en las contradicciones de nuestro tiempo y en esas zonas incómodas en las que nuestras certezas empiezan a fallar. Habla de “desprotección, carencia y misterio” como elementos desde los que construye su universo dramático, y entiende el teatro como un espacio capaz de cuestionar las formas de pensamiento dominantes y generar otras subjetividades.
Su producción publicada y estrenada todavía es relativamente breve, pero resulta significativa:
2020 – El paraíso perdido. Obtuvo el Premio Romero Esteo 2020.
2023 – El manifiesto de la ofensa. Ganadora del Premio Federico García Lorca de Teatro 2023. La obra, además, ha tenido recorrido escénico y académico: el Grupo de Teatro y Danza de la Universidad de Granada realizó una lectura dramatizada en mayo de 2024, dirigida por Markel Hernández
2025 – El caso del amor fantasma, vinculada a la Escuela Superior de Arte Dramático, y que se representará en el Teatro Circo de Murcia el próximo martes 22 de septiembre.
Además forma parte del panorama de la dramaturgia murciana contemporánea y aparece entre los autores asociados a DREM (Dramaturgos de la Región de Murcia).
Para López Pellicer, el teatro no tiene que venir a darnos una lección. Tiene que abrir una herida. O quizá, mejor dicho, poner el dedo sobre una herida que ya estaba ahí.
Y entonces llegamos a la obra que nos reúne.
La magnífica ilustración de Manuela Fandiño nos abre la puerta a El manifiesto de la ofensa escrita en 2023, distinguida con el Premio Federico García Lorca de Teatro de ese mismo año y publicada por la editorial granadina Esdrújula en 2024. La obra tiene un título que parece una provocación. Un título que contiene una contradicción. Porque un manifiesto suele ser una declaración de principios. Una afirmación. Pero, ¿qué ocurre cuando hacemos un manifiesto sobre la ofensa?, ¿quién puede ofender?, ¿quién puede sentirse ofendido?, ¿dónde termina la libertad de expresión y comienza la agresión?, ¿puede existir una ofensa legítima?, ¿y quién decide qué es legítimo?
La obra nació, según explica el propio autor, a partir de un artículo de opinión de Arturo Pérez-Reverte, "Ofendidos del mundo, uníos" (Patente de Corso, XL Semanal, 28/09/2020). López Pellicer comenzó entonces un proceso de documentación y conversaciones sobre algunos de los temas más sensibles de nuestro tiempo, para explorar el lenguaje, el discurso público y el cuerpo como territorios políticos.
Y el resultado es una Diosa de la Ofensa que nos guía, a través de una comisión de "expertos", por doce escenas en las que se juegan deliberadamente con los límites del humor, la corrección política y aquello que una sociedad considera aceptable o inaceptable. No presenta una historia única y convencional, sino una sucesión de situaciones y personajes que van construyendo un mosaico de comportamientos humanos. Un emprendedor, un artivista, una pareja, unos actores, una escritora o una familia forman parte de esta gran guerra de la ofensa. Primero nos reímos. Después quizá dejamos de reírnos. Y, finalmente, puede que nos descubramos pensando: ¿Por qué me ha molestado esto?
López Pellicer no parece querer decirnos quién tiene razón. No nos ofrece una respuesta cómoda sobre lo políticamente correcto ni nos coloca una bandera delante para indicarnos de qué lado debemos situarnos. Hace algo bastante más peligroso: nos obliga a dudar.
Porque la ofensa, en su teatro, no es únicamente una palabra. Es un conflicto. Es un choque entre cuerpos, discursos y relaciones de poder. Y precisamente por eso puede resultar tan incómoda. ¿Hasta dónde puede llegar una ofensa y quién tiene derecho a sentirse ofendido?
El jurado del Premio Federico García Lorca de Teatro destacó precisamente la capacidad de la obra para mostrar la complejidad del ser humano a través de situaciones absurdas pero reconocibles. El propio autor rechaza incluso la facilidad de llamar "absurdas" a determinadas situaciones de la obra. Lo que parece absurdo, nos dice, puede ser en realidad subversivo: algo que no comprendemos porque desafía las lógicas desde las que estamos acostumbrados a mirar.
El manifiesto de la ofensa es mucho más que una obra sobre la ofensa. Es una obra sobre nosotros. Sobre nuestra necesidad de tener razón. Sobre nuestra dificultad para escuchar aquello que nos incomoda. Sobre la facilidad con la que confundimos comprender con estar de acuerdo. Sobre una sociedad que, a veces, parece haber perdido la capacidad de convivir con el conflicto. Y sobre el poder de las palabras. Porque una palabra puede ser una caricia. Puede ser una provocación. Puede ser una defensa. Y puede ser un arma.
La obra pone sobre la mesa cuestiones como:
- los límites del humor;
- la corrección política;
- la susceptibilidad contemporánea;
- la necesidad de posicionarse constantemente;
- la dificultad de interpretar un discurso más allá de su literalidad;
- la mezquindad humana;
- nuestra incapacidad para distanciarnos de determinados conflictos;
- y la utilización de la ofensa como mecanismo de poder.
López Pellicer no construye un teatro de tesis en el que exista una posición correcta y otra equivocada. Nos obliga a permanecer en la incomodidad. El espectador puede reírse de una situación y, apenas unos segundos después, preguntarse si debería haberse reído, y eso conecta muy bien con la concepción teatral del propio autor: un teatro que no pretende aleccionar sino explorar las grietas de la sociedad contemporánea.
En una entrevista publicada en la revista literaria El coloquio de los perros, se define la obra como una “radiografía vital e irónica de nuestra contemporaneidad”, destacando precisamente su resistencia frente a los discursos simplificadores y su voluntad de colocar al espectador ante un espejo.
Pablo López Pellicer nos propone mirarnos en ese espejo. La pregunta es si tendremos el valor de hacerlo hasta el final. Y, sobre todo...si seremos capaces de reconocer nuestro propio reflejo cuando deje de resultarnos cómodo.
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